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Archive for the ‘Opiniones’ Category

Organizaciones de jóvenes presentan demandas específicas

CARTA ABIERTA A PRESIDENCIABLES

Las personas jóvenes en Paraguay conforman un colectivo diverso y plural que sobrepasa el 30% de la población. En la actualidad, la situación de pobreza, miseria, exclusión y desigualdad hace que este sector sea el más vulnerable y menos atendido por parte de las instancias del Estado, tanto a nivel central, departamental, como municipal, no existiendo garantías legales, ni voluntad política para asegurar el desarrollo de una vida más digna.

La falta de oportunidades para el desarrollo integral de las personas jóvenes en el país hace que, entre otras graves consecuencias, el flujo migratorio en la actualidad se haya elevado de modo alarmante; en casos particulares, esta situación se vuelve mucho más grave cuando se es mujer joven, y sobre todo de zonas rurales; existe un alto grado de frustración y desesperanza, lo que conlleva a elevar incluso la tasa de suicidios, perdiendo vidas jóvenes por no existir mecanismos efectivos que logren contrarrestar esta situación.

Consideramos que los puntos prioritarios en cuanto a derechos a ser atendidos son: Educación, Trabajo y Salud, entendidos como tres elementos que deben estar interrelacionados en pos de un desarrollo integral de las personas jóvenes. Por tanto, se hace urgente y prioritario contar con Políticas Públicas de Juventud que atiendan con claridad, efectividad y especificidad a todos los sectores de este colectivo, de modo transversal.

Es impostergable tener una instancia dentro de la estructura del Estado que tenga capacidad técnica, financiera y sobre todo, voluntad política, de cumplir estos cometidos; y que la misma pueda elaborar, ejecutar, y acompañar planes y programas a favor del colectivo joven, de modo abierto, participativo, plural y diverso, atendiendo a la heterogeneidad de la juventud, tanto organizada como no organizada, abriendo canales de diálogo permanente, y garantizando la existencia de mecanismos de consultas de modo permanente.

Entendemos la educación, como un elemento básico para el desarrollo humano de nuestra nación, la cual debe contar con los recursos necesarios para que sea de calidad, pública, gratuita y universal; garantizando la permanencia en el sistema educativo en todos sus niveles, elevando la tasa de escolarización y disminuyendo los índices de repitencia y deserción; adecuando y ajustando el currículum según las necesidades, requerimientos, y las zonas donde se hallen asentadas las comunidades.

En cuanto a la educación superior, se debe frenar el proceso de mercantilización de la misma, pues ésta debe tener un carácter estratégico que marque las pautas prioritarias para la promoción y el desarrollo de nuestra población. Aquí, se debe integrar en el proceso educativo a los y las estudiantes como sujetos de derechos y no objetos, ni meros receptores pasivos de información.

Ante lo expuesto, solicitamos que hoy y aquí asuman el compromiso público y político de emprender acciones sustentables y sostenibles que atiendan a la juventud como el colectivo importante, diverso y plural que es, e impulsar un marco de Políticas Públicas de Juventud, y al mismo tiempo el asumir la responsabilidad de ratificar y aplicar la Convención Iberoamericana de los Derechos de la Juventud.

Parlamento Joven – CEFUC, Centro de Estudiantes de Filosofía de la Universidad Católica – LAS RAMONAS, Organización de Feministas Jóvenes – Sociedad Critica – CENTRO DE PROMOCIÓN JOVEN

27 de marzo de 2008

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¿Cuestión de ser mujer?

Por Mirta Moragas

mirtamoragas@gmail.com

La reciente victoria de Cristina Kirchner en Argentina, y el acceso a espacios de poder en la región, nos obliga plantearnos si esto es sólo un “fenómeno regional” o si tiene que ver con un cambio real en el paradigma de participación en los espacios de poder por parte de las mujeres.

Todos los países tienen sus propias características y sin querer ahondar demasiado en el caso argentino, sí hay que decir que Cristina es una mujer que tiene cierta militancia y trayectoria en la política argentina. Se dice de ella que es una mujer con ideas y estilo propio, que incluso ha desafiado las maneras de una política mujer “tipo”, al ocuparse de su aspecto personal más de lo acostumbrado, siendo esto, incluso, uno de los flancos de ataque por parte de sus opositores. En este hecho en particular se nota que aún nos queda mucho por avanzar en la lucha por las igualdades.

Su aspecto personal fue un tema solamente por el hecho de ser mujer, ¿cuándo y en qué país del mundo se ha criticado a un político por cuidar su aspecto personal?, si hubiera sido varón, ¿este habría sido siquiera un tema de debate?, estoy más que segura que no. Y se dice que para muestra basta un botón.

Dejando de lado este caso particular, hay que entrar a hacer una distinción importante.

Ciertamente, ha habido un incremento del acceso de las mujeres a espacios de poder en la región, pero hay que diferenciar, pues una cuestión es que una mujer esté en el puesto y otra muy diferente cómo ejerza el poder. Desde algunos sectores del feminismo creemos que además del acceso al espacio, es importante que ese espacio se ejerza de otra manera, con otros valores. Si bien no recuerdo que Cristina Fernández se haya definido feminista, al menos el haber visibilizado la desigualdad existente entre varones y mujeres es importante. Pero esto hay que contrastarlo con los hechos, para saber si era una expresión de voluntad o simplemente una estrategia de campaña, porque las mujeres en los espacios de poder están “de moda”.

No creo que sea una cuestión de ser mujer o no. Es importante el “cómo” se ejerce, si se instalan otros valores, si de verdad se trabaja en un proyecto de transformación social de las desigualdades que afectan a las mujeres. En ese sentido, preocupa la “apropiación” del discurso feminista por parte de sectores que históricamente y con hechos han demostrado que la agenda y la propuesta feminista no están entre sus prioridades. Y creo que ese es el caso de Paraguay, ya tenemos un ejemplo presente con la Intendenta de la ciudad de Asunción, que no representa para nada a un modelo diferente de hacer política.

Pareciera, asimismo, que la actual candidata oficialista, si bien tiene un “discurso” a favor de las mujeres, que no creo que pueda llamarse feminista, pues no habla de los temas estructurales ni propone un cambio social, político y económico real, que pueda mejorar la calidad de vida de las personas, al tiempo que su estilo de política no se diferencia para nada al modelo actual. Por el contrario, sería dañino que una mujer sea utilizada para “lavarle la cara” a un modelo que no tiene intenciones de renovarse.

En ese sentido, el feminismo como propuesta política a lo que apunta es a trabajar estructuralmente en los temas que afectan a todas las personas, a las desigualdades entre varones y mujeres, a la violencia, a las relaciones de subordinación económica de las mujeres y no, como a veces se quiere hacer ver, a sencillamente “desplazar” a los varones de los espacios de decisión. No es desplazarlos por ser varones ni ocupar el espacio por el hecho de ser mujeres. Nada más alejado de la realidad.

Muy por el contrario, lo que se busca es la instalación de un esquema que realmente represente a las personas ¿y qué mayor representación de las personas que la paridad, que el 50-50?, si es esa la distribución de la población. No veo por qué haya que ver como un “fenómeno”o algo sobrenatural que las mujeres lleguen a espacios que deberían pertenecerles naturalmente.

Volviendo a nuestra realidad actual, sí preocupa mucho la “utilización” de las mujeres por parte de sectores más que conservadores de la sociedad. Y que la propuesta en pos de igualdad empiece y termine en el discurso. Preocupa que la “abnegada mujer paraguaya” que se ensalza sea la de madre y esposa, que es justamente los roles a los que quieren reducirnos, negándonos la posibilidad de elegir algo diferente.

Y no sería la primera vez que, con la excusa de ser mujer, se coloque a un eslabón más del mismo sistema. Basta recordar el caso del acceso de una mujer a la Corte Suprema de Justicia, que no ha demostrado para nada una manera diferente de hacer las cosas.

Sería lamentable que se repita la historia de la utilización de las mujeres, esta vez desde la política. Porque no es cuestión de ser mujer, sino el cómo y con quiénes trabajamos un proyecto de transformación social lo que hará que podamos pensar en un futuro diferente para todas y todos.

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Por Mirta Moragas

Realmente ni recuerdo la primera vez que escuché hablar del aborto. Tal vez sea porque siempre fue una realidad más cercana y latente de lo que se cree en un país donde el aborto está castigado por un la ley penal de principios del 1900.

Siempre me interesó el tema desde la perspectiva del derecho a decidir de las mujeres. Desde épocas inmemoriales el cuerpo de la mujer ha sido uno de los instrumentos más perfectos de dominación por parte del sistema machista y patriarcal en que nos hemos criado. Esto se ve en miles de cosas, en los mitos de la fragilidad del cuerpo de la mujer, de la inestabilidad emocional supuestamente regida por el ciclo menstrual, el rol excesivamente emocional que la sociedad nos ha asignado (emocional como antítesis a lo intelectual). Y miles de etcéteras más que hemos asimilado social y culturalmente, y de los cuales somos, en muchos casos, correas de transmisión involuntaria a través de nuestras prácticas diarias.

Creo que tengo tan interiorizado el tema de que el aborto es antes que nada un derecho a decidir sobre el propio cuerpo de cada mujer, que muchas veces me cuesta entender los argumentos lacrimógenos de las organizaciones religiosas y (mal llamadas) “pro-vida”.

Lo fundamental es que en un Estado Laico como el nuestro debe legislarse con lo que algunos llaman “la ética de los mínimos”, es decir, que hay que prohibir la menor cantidad de cosas posibles, estableciendo reglas mínimas imprescindibles de convivencia, tomando en cuenta la diversidad de creencias y conciencias que existen en un Estado. Por eso mismo me parece inconcebible que las mujeres seamos castigadas por querer decidir sobre nuestro propio cuerpo.

Somos presionadas, chantajeadas emocionalmente y hasta manipuladas de diferentes formas (una de ellas es la amenaza con la sanción legal), porque “se supone” que debemos hacer “lo correcto”. ¿Lo correcto para quién? Al mismo tiempo, me parece inaceptable que las mujeres tengamos que seguir soportando y negando la realidad, que tengamos que “asumir responsabilidades” por nuestros actos sexuales, muchas veces fruto de violaciones o del mal uso de un método anticonceptivo. Como si sólo fuera nuestra responsabilidad “asumir” este tipo de cosas, y que la única manera de hacerlo es trayendo al mundo un hijo o hija que ni hemos buscado, ni queremos tener.

La estrategia principal de los que se oponen al derecho a decidir siempre ha sido -y creo que siempre será- “embarrar la cancha”, confundir, manipular información, apelar al sentimiento irracional, estereotipar y rotular a todas las mujeres. El argumento que nuevamente ha llamado mi atención es la acusación de que las que estamos a favor del derecho al aborto legal y seguro somos “asesinas” y que el Estado no debería permitir el “asesinato de seres inocentes”. ¿Quién es la víctima cuando un Estado le da más derechos ciudadanos a un feto que a la mujer que lo gesta? ¿Somos nosotras simples aparatos reproductores menos importantes que el producto de nuestro cuerpo? Pareciera que sí.

Cuando reflexiono sobre el tema me cuestiono y a veces pregunto qué haría yo si estuviera en la situación de un embarazo no deseado. Y pienso que aunque ahora estoy segura que abortaría, también reconozco que podría no hacerlo. Los seres humanos estamos excesivamente condicionados por nuestras circunstancias.

A partir de ahí surge automáticamente la idea de separar lo que es mi vida personal, mis decisiones personales, de lo que es el reconocimiento al derecho a decidir que el Estado debe proteger de todas las maneras posibles. Justamente en esto está el valor de lo que creo y reivindico. Mis decisiones personales, son eso, personales e individuales. Los que nos quieren negar el derecho a decidir nos rotulan, nos estereotipan, nos cosifican, niegan la capacidad de decidir responsablemente sobre nuestro cuerpo y nuestras vidas.

Es muy pintoresco ver cómo somos estereotipadas por estar a favor del derecho a decidir, somos las “abortistas” (para decir lo más suave), hablan de nosotras (y nosotros) como si fuésemos parias sociales, minorías que van contra el orden (bien) establecido. Es una pena que no se pongan a pensar que el aborto es una REALIDAD, que en un país eminentemente rural como el nuestro las mujeres campesinas hablan del aborto como si hablaran de una gripe. Hablan del aborto como lo que es, algo normal que, aunque generalmente no es lo más deseable, es una alternativa a la que recurren en su vida diaria.

Parte de avanzar en la construcción de una sociedad diferente es, en primer lugar, reconocer que hay discriminaciones injustas que son INVISIBILIZADAS y naturalizadas, porque “así nomás luego es”. En segundo lugar, una vez que hemos “aprendido a ver”, nunca más nuestra posición frente a estas situaciones puede ser igual. En este caso, ser neutrales es igual a permitir que miles de mujeres sigan muriendo por abortos clandestinos mal practicados en lugares insalubres.

Hoy son mujeres sin rostro en estadísticas que no nos dicen nada. Mañana pueden ser nuestras madres, hermanas, hijas, amigas, novias o nosotras mismas. ¿Dejaremos morir a las personas que amamos por no animarnos a asumir esta realidad?

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