Por Mirta Moragas
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La reciente victoria de Cristina Kirchner en Argentina, y el acceso a espacios de poder en la región, nos obliga plantearnos si esto es sólo un “fenómeno regional” o si tiene que ver con un cambio real en el paradigma de participación en los espacios de poder por parte de las mujeres.
Todos los países tienen sus propias características y sin querer ahondar demasiado en el caso argentino, sí hay que decir que Cristina es una mujer que tiene cierta militancia y trayectoria en la política argentina. Se dice de ella que es una mujer con ideas y estilo propio, que incluso ha desafiado las maneras de una política mujer “tipo”, al ocuparse de su aspecto personal más de lo acostumbrado, siendo esto, incluso, uno de los flancos de ataque por parte de sus opositores. En este hecho en particular se nota que aún nos queda mucho por avanzar en la lucha por las igualdades.
Su aspecto personal fue un tema solamente por el hecho de ser mujer, ¿cuándo y en qué país del mundo se ha criticado a un político por cuidar su aspecto personal?, si hubiera sido varón, ¿este habría sido siquiera un tema de debate?, estoy más que segura que no. Y se dice que para muestra basta un botón.
Dejando de lado este caso particular, hay que entrar a hacer una distinción importante.
Ciertamente, ha habido un incremento del acceso de las mujeres a espacios de poder en la región, pero hay que diferenciar, pues una cuestión es que una mujer esté en el puesto y otra muy diferente cómo ejerza el poder. Desde algunos sectores del feminismo creemos que además del acceso al espacio, es importante que ese espacio se ejerza de otra manera, con otros valores. Si bien no recuerdo que Cristina Fernández se haya definido feminista, al menos el haber visibilizado la desigualdad existente entre varones y mujeres es importante. Pero esto hay que contrastarlo con los hechos, para saber si era una expresión de voluntad o simplemente una estrategia de campaña, porque las mujeres en los espacios de poder están “de moda”.
No creo que sea una cuestión de ser mujer o no. Es importante el “cómo” se ejerce, si se instalan otros valores, si de verdad se trabaja en un proyecto de transformación social de las desigualdades que afectan a las mujeres. En ese sentido, preocupa la “apropiación” del discurso feminista por parte de sectores que históricamente y con hechos han demostrado que la agenda y la propuesta feminista no están entre sus prioridades. Y creo que ese es el caso de Paraguay, ya tenemos un ejemplo presente con la Intendenta de la ciudad de Asunción, que no representa para nada a un modelo diferente de hacer política.
Pareciera, asimismo, que la actual candidata oficialista, si bien tiene un “discurso” a favor de las mujeres, que no creo que pueda llamarse feminista, pues no habla de los temas estructurales ni propone un cambio social, político y económico real, que pueda mejorar la calidad de vida de las personas, al tiempo que su estilo de política no se diferencia para nada al modelo actual. Por el contrario, sería dañino que una mujer sea utilizada para “lavarle la cara” a un modelo que no tiene intenciones de renovarse.
En ese sentido, el feminismo como propuesta política a lo que apunta es a trabajar estructuralmente en los temas que afectan a todas las personas, a las desigualdades entre varones y mujeres, a la violencia, a las relaciones de subordinación económica de las mujeres y no, como a veces se quiere hacer ver, a sencillamente “desplazar” a los varones de los espacios de decisión. No es desplazarlos por ser varones ni ocupar el espacio por el hecho de ser mujeres. Nada más alejado de la realidad.
Muy por el contrario, lo que se busca es la instalación de un esquema que realmente represente a las personas ¿y qué mayor representación de las personas que la paridad, que el 50-50?, si es esa la distribución de la población. No veo por qué haya que ver como un “fenómeno”o algo sobrenatural que las mujeres lleguen a espacios que deberían pertenecerles naturalmente.
Volviendo a nuestra realidad actual, sí preocupa mucho la “utilización” de las mujeres por parte de sectores más que conservadores de la sociedad. Y que la propuesta en pos de igualdad empiece y termine en el discurso. Preocupa que la “abnegada mujer paraguaya” que se ensalza sea la de madre y esposa, que es justamente los roles a los que quieren reducirnos, negándonos la posibilidad de elegir algo diferente.
Y no sería la primera vez que, con la excusa de ser mujer, se coloque a un eslabón más del mismo sistema. Basta recordar el caso del acceso de una mujer a la Corte Suprema de Justicia, que no ha demostrado para nada una manera diferente de hacer las cosas.
Sería lamentable que se repita la historia de la utilización de las mujeres, esta vez desde la política. Porque no es cuestión de ser mujer, sino el cómo y con quiénes trabajamos un proyecto de transformación social lo que hará que podamos pensar en un futuro diferente para todas y todos.